Cruzamos la frontera de San Diego-Tijuana ayer en la tarde. El plan era rentar un carro y dirigirnos a Rosarito a comer langosta con arroz y frijoles.

La espera del transporte que nos llevaría al local para rentar el carro coqueteaba con un servicio ineficiente, hasta que llegó el chofer con los primeros relatos de una tragedia ajena a quienes decidieron aprovechar las épocas navideñas para viajar “al otro lado”.

Tijuana sufre una crisis de abastecimiento de gasolina porque los protestantes en contra del gasolinazo tomaron la planta de PEMEX ubicada en Rosarito. Mis noticias del gasolinazo se habían limitado a las cadenas de WhatsApp y Facebook; vivía en la bendecida ignorancia pensando que era una exageración. Pero el chofer nos explicó que su demora fue por la fila de la gasolinera justo enfrente del local de FOX rental car. La gente se peleaba por llenar su tanque antes de que la sucursal cerrara. Volteé a ver a Jorge gritándole en silencio: “¡qué hacemos rentando un carro si no hay gasolina?”. Llegamos a FOX, Jorge le preguntó qué onda al de la recepción. La respuesta sincera del vendedor nos dejó boquiabiertos: en pocas palabras, llenar el tanque era nuestra bronca, o, podíamos pagar una tarifa de treinta pesos por galón si ellos la rellenaban. Nos advirtió un cliente había tardado casi dos horas para encontrar una estación abierta el día anterior. Enriqueció su relato con un vídeo de su Facebook donde unos protestantes empezaban a seguir una pipa que intentaba salir de Rosarito. También nos advirtió que las tarifas de uber habían subido 16X de su precio normal. La decisión fue cancelar la reserva y ser rescatados por un Uber; así empezaron los relatos del “gasolinazo” en Tijuana.
Uber 1: La manifestación 

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Empezamos el traslado pregúntale al chofer cómo le estaba haciendo para conseguir gasolina.

Nos platicó que en la mañana lo había llenado y esperaba tener suerte con el chat de apoyo de todos los uber-amigos donde se pasan este tipo de datos en tiempo real.

Continuó platicándonos de la manifestación en el Palacio Municipal y cómo al principio la gente quería abastecerse de gasolina en “el otro lado”. Nos dijo que aunque podía ser solución, no estaba permitido traerse galones de San Diego… Concluyó diciéndonos que Uber había ajustado sus tarifas por el aumento de la gasolina, pero sentía que no era suficiente.

Ojo: El ajuste tarifario fue del 16%, no dieseis veces más caro, como nos había dicho el de FOX.

Uber 2: El Pípila 

img_2726Después de que Jorge le preguntara al chófer cómo le estaba haciendo para conseguir gasolina, éste inició su relato platicándonos sobre la manifestación de ese día y que ya habían saqueado una Coppel, también nos habló del Meme del Pípila contemporáneo y cómo los vuelos estaban empezando a ser cancelados.

En mi interior no sabía si llorar, reír o decirle a Jorge que nos fuéramos a Estados Unidos de mojados, total, ya teníamos un permiso mínimo de seis meses y la frontera estaba a cinco minutos… Empecé a cuestionarme si preferiría enfrentar la incertidumbre de Trump o el último año de gobierno de Peña Nieto.

Uber 3: El golpe de estado

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Me sentí mal porque no se nos ocurrió preguntar en el hotel si había servicio al aeropuerto (sí había). Además de evitarnos el gasto, ¡le quitamos gasolina a alguien!


Cuando el chofer abrió la cajuela vi tanques de gasolina.

Al iniciar nuestro servicio Jorge le planteó la misma pregunta al tercer chofer que nos atendía: nos contó que todo esto se debía a que la gente se estaba manifestando bloqueando los accesos del centro de distribución de PEMEX en Rosarito. Esta situación estaba perjudicando el abastecimiento a aviones en el aeropuerto y que hasta cancelarían vuelos internacionales por “un posible golpe de estado”. Él calculaba que la crisis iba a estallar el miércoles, cuando abarrotes, oxxos y súper mercados dejaran de tener provisiones para la gente.

Nos habló de cómo el ejército le puso freno a la manifestación del Palacio Municipal con unos balazos al aire y que el cierre de vuelos para salir del país era una forma de evitar la fuga de malas noticias por Peña Nieto y su gente.

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Llegué asustada al aeropuerto después de tantas historias teñidas por un realismo mágico y el toque apocalíptico de los rumores orales enriquecidos con los chismes virtuales.

Cuando le preguntamos a la aeromoza del mostrador sobre la crisis, nos dijo que ellos no habían tenido problema, fuera de unas demoras por escalas en diferentes ciudades donde se abastecían de gasolina para poder continuar operando.

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El vuelo salió puntual con el doble de tripulación abordo; hecho que me dejó cuestionándome el porqué, ¿mera rutina o la necesidad de desalojar personal de Volaris de Tijuana?

Llegada a Culiacán y el taxi del aeropuerto

Terminamos nuestro viaje con la misma pregunta. Ya que los conductores de Uber en Culiacán son gravemente sancionados si entran al territorio federal del aeropuerto,  nuestra llegada” al depa” fue en taxi.

Las opiniones preocupantes de nuestros anteriores conductores fueron suaves comparadas con la respuesta del señor mayor que nos llevaba a casa. “Si el Gobierno quiere balas, pues eso hay que darle”. “Peña Nieto ya nos agarró como sus taruguitos y piensa que pidiendo perdón se arreglan las cosas”. El señor estaba harto. De tantos impuestos, de una mínima alza al salario, de un Gobierno ineficiente y corrupto…

Y yo, me quedo con una pregunta, ¿qué sigue?

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