No le digas a mi papá

Cuando llegué a la fila para documentar mi equipaje vi a la responsable de Volaris tratando de ayudarle a una clienta en el reacomodo de su equipaje. Al pasar frente a ellas, se acerca la encargada y le dice a la señora señalándome: “Como usted ve, ella trae su maleta para documentar y un bulto. Usted trae tres y su equipaje, solo se permiten dos por persona”. Después se dirigió conmigo y me preguntó que si podía decir en el mostrador que ese bulto era mío, nada más para que no le cobraran el extra. Dije que sí antes de pensarlo demasiado. Iba sola, después de mi aprobación, mi cabeza escuchó al Jorge regañándome por hacer semejante estupidez. Cuando llegamos al mostrador, pesaron mi maleta y se documentó. Justo después de mi siguió la señora, cuando le preguntaron cuántos bultos llevaba, acerqué uno de ellos para mí aclarando que era mío. La esperé para que terminara de documentar y le regresé su bolso.  Por su puesto que en esos segundos seguía en mi conciencia la duda, ¿en mi deseo de ayudar al otro, me estaré viendo muy pen#*ja? La señora me dio las gracias y me explicó que no traía ni trescientos pesos para pagar el extra. Mientras subíamos juntas las escaleras (ella batallando con sus tres bolsas pesadas), me estaba diciendo que en China unas escaleras eléctricas lastimaron a una persona, pero yo ya no escuchaba. Nada más pensaba en qué me pasaría…

Claro que al pasar seguridad nada más pasé con mis cosas. A ella le sonó el detector de metal y me fui. Al buscar la sala de espera que me correspondía, me confundí y me fui al lado contrario (me di cuenta justo a tiempo, no perdí el vuelo). Al rato me encontré con unos amigos que volaban también, les platiqué lo que pasó, después de mi anécdota sucedió ese silencio incómodo…  Les pedí que no le dijeran al Jorge. 

No volví a ver a la mujer hasta que fue hora de abordar. Era la primera haciendo fila, yo de las últimas. Sinceramente, me dio ternura  y recé por que se encontrara otros ángeles que la guiaran.  En mi corazón estaba ese terrible enfrentamiento que se siente al ver la falta de solidaridad hacia un extraño. Se veía con esa inocencia. Pero y si… ¿Y si además me llevaba entre las patas? 

Todos abordamos, la vi sentada. Cuando el aeromozo dio las indicaciones de seguridad vi a la señora filmándolo con su celular. Tal vez era su primera vez en avión… En la vida hay circunstancias en las que de manera extraña se te pide ayuda; de repente, sin saber por qué dices sí y lo que queda es decirle a tu ángel de la guarda: “rifátela”. 

Posdata: Al día siguiente Jorge y yo íbamos a volar a otro lado. En la sala de espera de Citi Beyond Banamex se le acercó un señor para pedirle de favor si podía entrar con su membresía su mamá (ellos ya eran cinco con y rebasaban el cupo máximo de invitados). Jorge accedió y yo me animé a contarle mi aventura del día de anterior (no, no me regañó).  

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s