Finalmente pude visitar el  Masin (Museo de Arte de Sinaloa)  y las exposiciones que alberga en este momento. Empecé con la propuesta de la colección permanente, de la cual se seleccionaron algunas piezas para mostrar el concepto de la función social del arte. Ya había visto varios de estos cuadros en otras exhibiciones, pero me gustó volver a tener la oportunidad de apreciarlos,  porque cada ocasión te ofrece una nueva manera de interpretar lo que tienes frente a ti.

Este pequeño espacio fue un recordatorio de lo que desafortunadamente permanece siendo una realidad sinaloense, que por más que estemos hechos a ella, no significa que podamos olvidarla. La fotografía de la serie Tus pasos se perdieron en el paisaje de Fernando Brito, donde un cadáver forma parte del entorno de un campo, representa algo que sigue sucediendo y con indebida resignación, creo que seguirá. En esa misma sala hay un grabado en blanco y negro que no recuerdo su nombre o autor, pero me sigue impresionando. Parece como si fueran cuerpos anónimos suspendidos en el suelo esperando que pase una balacera. Como si pertenecieran a la colección de los olvidados, otra triste y permanente realidad de nuestro país y Estado. Al fondo de esta sala, hay un cuadro de un mendigo cuyos colores y personaje me recuerdan al Regreso del hijo pródigo de Rembrandt. El mendigo, esa persona que sigue existiendo en el mundo y nuestra ciudad. Algunos con razón y otros, por conveniencia y comodidad.

Continuo mi recorrido en la sala intermedia, la exposición se llama Exit, cartografía de la creatividad, una propuesta de A de A que reúne piezas contemporáneas de artistas que viven en México y Nueva York.

Pieza expuesta en Exit, cartografía de la creatividad.
Pieza expuesta en Exit, cartografía de la creatividad.

Quizá representen el deseo de recordar que lo decorativo también también puede tener un trasfondo. Creo que exterioriza el constante debate y derecho de las piezas artísticas estéticas. ¿Es posible que lo bello trascienda? Exit fue para mí ese querer que tienen diversos  jóvenes emergentes, los cuales no basan todos sus esfuerzos en una desgarradora denuncia social, sino también en el agradar.

La última exposición fue mi favorita. Alex Dorfsman me sorprendió con Confluencia Topográfica. Un conjunto de fotografías que en primer instante me recordaron a un arcoíris limitado a los colores fríos. Desde ese verde chillante que solamente puedes apreciar en las tierras que desconocen las sequías; pasando poco a poco por un amarillo, rojizo, café gris  y azul. El espectáculo de primera vista se atribuye al cuidado de cada fotografía seleccionada con tonalidades similares a las de sus vecinos. Cada una, al verse de cerca cuenta algo, es un detalle, un momento. Al lado de Dorfsman enentedí mi obsesión por querer tomar  fotos que en primer instante no dicen nada. Dejé de sentirme sola cuando decido fotografiar sin estar fisicamente presente. Sin que sea algo magnánimo pero más bien un extraordinario momento que representa el equilibrio de lo que veo en la vida. Me gustó tanto su propuesta que quiero basarme en ella para así poner las fotografías de nuestro viaje. No importa si estamos presentes o no en ellas. Serían más bien un breve resumen de la experiencia de nosotros como viajeros.

Terminé inspirada. Ese es el objetivo que yo le veo a un museo. Dejando a un lado la teoría, creo que una de sus responsabilidades es despertar en el hombre la inquietud de vivir creando.

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