6 cosas que no vamos a extrañar de viajar

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6 cosas que no vamos a extrañar de viajar
Vientiane, Lao Peoples Dem Rep

Vientiane, Lao Peoples Dem Rep


Viajar siempre es una de las experiencias de vida que más enriquecen y gratifican, abren tus horizontes y te retan a enfrentarte a lo que crees conocer, para descubrir más del mundo y de ti… Pero no seria justo ni prudente pensar que viajar no trae sus incomodidades ni oportunidades de pensar que ya quieres volver a la normalidad del día a día. Así que con un toque de elocuencia y de corajes reprimidos por prudencia y mentalidad positiva, les dejamos 6 cosas que sabemos que no vamos a extrañar de viajar: 1. Que me cobren una comisión adicional del 3% al pagar con tarjeta de crédito o débito. En algunos países del mundo que hemos visitado, han descubierto la forma de asegurar siempre sacarle mas centavos a los clientes que, como en ocasiones nosotros, se creen la publicidad mentada de Visa de “go” o la de MasterCard de “no tiene precio” que tan romántica vemos en todos lugares en México; ya que nosotros hemos visto que pagar con Mastecard realmente si tiene precio e “ir” con Visa al momento de pagar, no es gratis como dicen los comerciales, ya que en ocasiones el costo es de hasta el 3.5%. (Y ni quiera nos hagan hablar del famoso “my life, my card” de American Express, por que en Asia, si solo traes esta, te aseguro que no tendrás “life”) 2. La incertidumbre de saber si pagaste lo que valen las cosas o te estafaron. Bien dice el dicho: “Lo que nunca sabes, no te hace daño”. Desde que empezamos a viajar, desarrollamos una estrategia para comprar las cosas que queríamos. Esto va desde una comida, algún souvenir, un tour, unos tragos, el cuarto donde pasar la noche e incluso el cajero automatico que te cobre menos comisión. La estrategia es preguntar en más de algún lugar el precio de lo que queremos, comparar y tomar la decisión más conveniente. Sé que esto puede sonar como muy cansado, pero créanme que hemos desarrollado una habilidad para rápidamente escanear la situación (como si fuéramos robots escaneando una maleta en el aeropuerto). El problema de esta estrategia es que después de haber escogido y en su caso, comprado lo que queríamos, siempre descubrimos más lugares que ofrecen lo mismo. Entonces siempre se te viene la inquietud de preguntar cuánto cuesta lo que compramos en el lugar que acabamos de ver. Créanme que esto suena ilógico y más como un proceso de “tortura existencial” a la que nos sometemos voluntariamente en lugar del típico “windowshopping”. En varias ocasiones hemos descubierto que efectivamente nuestra estrategia funcionó: lo que nos ocasiona un sentimiento de satisfacción de que “¡bien! Le hemos ganado al sistema” hacemos el mítico “high five” y nos felicitamos mutuamente por haber escogido la mejor opción… PEROOO también en muchas otras hemos descubierto que pagamos de más. El sentimento de frustración es abrumante y desafortunadamente no tan facil de olvidar. Tan es así, que en ocaciones hasta sentíamos que nos teníamos que pedir disculpas mutuamente por habernos equivocado… Por esta razón decidimos dejar de preguntar una vez que hayamos consumido. Creanme que esta es una de las muchas (y no pocas veces admitidas) en las que es mejor no saber, pero eso sí, la incertidumbre te queda…. 3. Tener que pensar en llevar papel de baño y jabón en la mochila porque nunca sabes…. Alguna que otra vez me había llevado champú o jabón de un hotel, sobre todo cuando olían muy rico. Pero, sorprenderte cuando te ponen jabón y guardarlos inmediatamente en tu mochila para que al día siguiente te pongan más, solo en este viaje. Qué importa el olor o si apenas hacen espuma. Si te los pusieron como jabón, deben serlo. Porque no hay nada peor que quererte meter a bañar y no tener ni siquiera la barra delgadita que en tu casa la ves como basura. Además, hay que poner algunos en tu bolsa, muchos (no pocos) baños no tienen jabón en el lavabo. Lo peor es cuando llegas corriendo al baño, eliminas la urgencia, PEROOO ¡no hay papel de baño! No, no hablo de baños en restaurantes o públicos. Hablo del hotel. Es el momento en el que “tu tesoro” se convierte ese rollo. Te acostumbras a comprar, pero empiezas a creer en la norma de que, si hay hoteles que incluyen papel, debes llevártelo y la bolsa externa de tu mochila, es el contenedor de éste por excelencia. 4. El unibaño Los pies mojados. Siempre mojados. El “unibaño”, como lo había descrito en la entrada anterior (en esta ocasión anexo fotos), es el lavabo, escusado y regadera sin separación alguna. Así que, después de bañarte todo está mojado incluido el preciado papel de baño mencionado en el punto anterior, así que recomiendo nomás meter la toalla porque hay lugares en los que la distribución hace que todo se pueda mojar… el escusado está mojado, el lavabo también, todo el piso… Este tipo de baños implican una tortura sobre todo cuando, después de bañarte quieres entrar, porque o ensucias todo con los tenis, o los pies, se vuelven a mojar. 5. Tener que quitarme los zapatos para entrar a donde me hospedo Ok ok, sabemos que cuando visitas el lugar de un anfitrión, tienes que seguir la reglas. No quiero tratar de traer abajo esta tradición milenaria ni mucho menos desprestigiar esta norma de civilidad, pero tengo que confesar que a veces, cansa. Desde el apartamento de una joven en Shanghái hasta la apartamento de un retirado en Kuala Lumpur o nuestro hostal en Luang Prabang, a veces esta tradición se hace mas bien por moda y costumbre que por otra cosa. Digo, no es que los pies se vayan a ensuciar (si todos están descalzos que suciedad puede haber?), pero el ritual de entrar, quitarte los zapatos y amontonarlos con los del resto de los huéspedes, para luego buscarlos del montón para ponértelos otra vez y luego descubres que se te olvido algo y tienes que repetirlo de nuevo es una ma&&euro;%$£… Así mismo cuando llegas al lugar en la noche y todo esta apagado, tienes que tener mas cuidado para no tropezarte con las botas de hiking numero 13 del Noruego que llego el otro día y ni se diga el olor condensado que dejan mas de 20 pares de zapatos de turistas que anduvieron caminando en el calor, todo el día. Por ultimo, podemos decir que la habilidad que he desarrollado comprando en outlets para encontrar algo de mi talla, la he utilizado en estas ocasiones para poder encontrar el par izquierdo de mis tenis mientras la Claudia me espera para ir a desayunar…. 6. No saber si lo que me quiero poner está limpio o sucio Contexto: Mi olfato no es el de un sabueso… 17 de enero 2015 (vuelo de Kuala Lumpur a Melbourne) Yo: Mi amor, ¿seguro que te lavaste la boca? -un hedor a rancio me llegaba como ráfaga fétida-. Jorge: Sí. Yo: A ver, acércate la mano y huélete el aliento. Jorge: ¿No serás tú? -Me huelo la axila-. -Sí, soy yo. En ese momento me acuerdo que la blusa que me puse es la misma que usé cuatro días después de bañarme en la playa; que el día que regresamos de la isla de Kho Rong a Sihanoukville la usé durante todo el viaje: caminando por la playa con todo y mochilas, el viaje en bote de cuarenta minutos (en donde medio barco vomitó porque el mar estaba muy movido). El trasladado en camión de Sihanoukville a Phnom Pehn que se suponía que iba a durar tres horas y media pero realmente fueron 7. ¡Maldita sea! Estaba bien sucia. A veces, viajar, apesta. Aclaración anecdótica: Esta entrada la escribimos Jorge y yo justo antes de subirnos al “nightbus”. Pero cuando cuando llegamos a la estación nos esperaba una sorpresa. Aquí va la historia. Nota explicatoria: los camiones de noche por aquí no son como los de México. Yo creo que Turistar, ETN o TAP cumplen c
on su garantía de comodidad. Pero, los “nightbus” de aquí tienen tres hileras de literas y dos pasillos. No hay espacio para poner bultos o mochilas, Así que si traes algo, sacrificas el espacio donde deberían ir tus pies. Además, los asientos son angostos y mas horizontales que verticales. Pero bueno, una vez que te acostumbras a ellos, son pasables. Llegamos a las siete de la tarde a la estación de autobuses. Mientras yo cuidaba las mochilas, Jorge fue a la taquilla para revisar que todo estuviera bien con nuestros boletos. Cuando regresó me dijo que me tenía una mala noticia. Nuestro “nightbus” se había descompuesto, así que nos tocaba irnos en el “VIP”, el cual eran asientos normales y el espacio entre hileras era muy angosto. El autobús desde afuera no era alentador: naranja con con un dibujo animado de un delfín. Parecía que te iba a llevar a algún parque acuático. De fuera parecía de dos pisos, pero solo arriba estábamos los pasajeros. Acercándose las ocho se escuchaba el barullo quejumbroso de nuestros compañeros de viaje. Una señora mayor lao traía sus pijamas de “Mickey” que seguramente se preguntaba ¿Donde esta la cama?… Salimos pasadas las ocho, yo estaba agotada. No apagaban las luces. Pusieron música pop Lao que gracias a las bocinas, se escuchaba fuerte y sólida. Me puse tapones. De volumen alto, pasó a medio. Los choferes empezaron a cantar. Aquello parecía una fiesta de karaoke. Pasaron las horas, los baches y los frenazos. Subieron el volumen. Las de atrás les gritaron: “please turn down the music!!!”. Medio le bajaron a la voz y volumen. Pero al cabo de un rato seguía la fiesta. Después de doce horas llegamos a Vientiane. La música seguía. Cuando salí del camión, sentí el seco calor del sol y lo único que quería gritar era… F….&#%! Moraleja: cuando piensas que ya viviste lo peor, siempre hay algo que lo supera. Enviado desde mi iPad


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