4 meses de viaje

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4 meses de viaje
Ho Chi Minh City, Vietnam

Ho Chi Minh City, Vietnam


Jorge y yo tuvimos que retrasar un mes nuestro viaje por su trabajo. Aunque significó un mes más de salario, realmente no fue para nuestro cochito del viaje. Ese mes nos dio la oportunidad de cumplir con los viajes familiares en puerta. Así que antes de iniciar nuestra aventura, fuimos a Los Ángeles a la graduación de la maestría de Eduardo, unos de mis hermanos y a San Antonio en agosto con mi suegro y cuñadas. Mi problema de este tipo de viajes son las tiendas. Sobre todo en los meses que fuimos, cuando te avientan con la ropa porque es cambio de temporada. En ese contexto el renuente “ya no necesito nada”, poco a poco se fue convirtiendo en, “bueno, pero es que para el viaje no me caería nada mal…”. Lo peor para estas circunstancias son los outlets y las ofertas, porque tenía el pretexto de que estaba baratísimo. Por su puesto que compré algunas cositas de más. Debo admitir que algunas uso muchísimo y otras me cayeron de perlas para el viaje; PERO hay otras que se quedaron en Culiacán y el peor error fue mi “nueva bolsa”. Realmente no tenía una bolsa que cumpliera con los estándares: chica pero lo suficientemente grande para que cupiera el mini iPad, billetera, pasaportes, Kleenex… con cierre, que se cruzara, color neutro y de preferencia, con personalidad o al menos que tuviera estilo y no pareciera la típica de turista que usan las señoras con capris deportivos y chanclas clarks. Después de unas horas y pasar por diferentes tiendas; con un esposo impaciente y yo completamente indecisa, llegamos a “Kate Spade” había una negra con puntos blancos, cumplía con lo que necesitaba pero peligraba de estar demasiado delgada y que no le cupiera nada. También vi una más casual con suficiente espacio en “Lucky Brand”, el Jorge me insistía con una “TUM” en oferta, práctica, pero a mi se me venía a la mente la señora con su sombrero tomando fotos por todos lados. Después de dar como diez vueltas en las tiendas, un esposo desesperado y con el tiempo justo; me decidí por la “Kate Spade” de bolas que costó 70 usd. Todo cabía, como short embarrado que hasta la celulitis resalta, pero cabía. A las semanas, cuando llegó la hora de irnos de León rumbo a Guadalajara la “Kate Spade” no cerraba ni aunque me subiera arriba de ella. Desesperada porque mi suegro ya había llegado por nosotros, me acordé que mi cuñada me había ofrecido una de ella. Corrí a su closet, no encontré la negra que me había dicho, pero si una roja como las TUM, pero todo le cabía. La “Nine West” que creo que tiene unos cuantos años ha sido y seguirá siendo mi compañera fiel en este viaje. Los 70 USD de la “Kate Spade” me siguen doliendo, junto con los 2 de mi libretita (que estoy usando ahorita para no decir que nomás la traje de paseo), una camiseta, vestido que también deje en León, falda de H&amp;M unos vestidos de playa… Todo “baratísimo” eso si; pero en México. Razón de más para deshacerme del 80% que traigo conmigo. Lo más irónico de esta historia es que lo que más hemos necesitado todavía no lo compramos. Porque es caro, porque es peso, porque hace espacio… No tenemos paraguas ni impermeable (ya sufrimos las consecuencias de esto en la montaña), tampoco cable para pasar las fotos a la computadora, se nos olvidó el convertidor en Culiacán para cargar la cámara o la laptop. Tampoco tengo guantes para el frío (aunque Jorge me lo ha reclamado, sobre todo cuando su caballerosidad le impidió no darme los suyos en la cima del “Monte Kinabalu”, con viento y frío de cero grados). Aún así, nos las arreglamos. Si vas a cargar, que se un buen libro, el cual estés dispuesto a donar en el camino. Si vas a gastar, que sea por una buena comida de ves en cuando o por un lugar para descansar sin tanto ruido. Si vas a comprar, que sea algo emblemático, pero consciente de que si lo pierdes, no te dolerá tanto. Si te vas a quedar con algo, quédate con el recuerdos de las personas que conociste y sus historias. Quédate con las costumbres, olores, colores y sonidos de los lugares que conociste. Lo único que jamás puedes olvidar es tu capacidad de sorprenderte, de improvisar y por supuesto, las palabras; son las que te llevan a todos lados.


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