Despidiendo Rusia

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Despidiendo Rusia
Ulan-Ude, Russia

Ulan-Ude, Russia


Estamos en la frontera de Mongolia. A pocos minutos de avanzar a lo que constituye nuestra tercera etapa del viaje. Viajar a Rusia fue una experiencia que jamás podré olvidar. La principal lección que me deja es que es un país extremadamente rico: en su historia, cultura y extensión. Me quedo con sus caldos, sus paisajes y la experiencia de pasar más de un día en un tren. También me quedo con el Moscow y St. Petesburg Times, los cuales orientan a los occidentales en este rico e inmenso lugar con una línea editorial bastante pro Europa y EUA. También me quedo con el RT (Russian TV) completamente opuesto a lo descrito por los periódicos gratuitos. Este canal radicalmente en contra de EUA te ofrece otra mirada, tal vez no muy objetiva, pero si bastante interesante. Me quedo con las magnánimas iglesias ortodoxas, sus iconos representando pasajes de la Biblia. Me quedo con los fines de semanas de otoño repletos de las últimas bodas del año, con novios tomandose fotos en los monumentos históricos de la ciudad. Me quedo con las blinys ( una especie de crepa). Los tés de los cuales nos hemos hecho tan aficionados, de la mano del café soluble. Me quedo con la increíble manera en la que cambia el paisaje conforme avanzas: desde pinos verdes que gradualmente cambian de color hasta llegar a un lugar donde ya no tienen hojas y son algo esporádico en la tierra extensa del valle. Me quedo con la flama eterna que tienen todas sus ciudades honrando a las 27 millones de personas que murieron en la Segunda Guerra Mundial. Me quedo con la eterna música “tecno” donde quiera que pisáramos. Me quedo Con su amor por la comida italiana y por el sushi. Me quedo con el cambio radical que nos ofreció al conocer Siberia, su gente, comida y religión. Todo tan distinto pero a la vez Rusia. Me quedo con su tren transiberiano, aunque no muy decorado o tan amplio como el chino, si mucho más limpio. Me quedo con la afición de los candados en lugares emblemáticos hechos de herrería, al igual que los listones en las anclas frente a los puertos. Me quedo con la amabilidad de su gente, siempre dispuesta a ayudarnos aunque no hablaran ni una gota de inglés. Me quedo con el diseño de los interiores de los restaurantes, buscando reemplazar los colores del verano. Me quedo con su creatividad y su pasión. En fin, me quedo con Rusia.


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