Visita a la Embajada Rusa

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Visita a la Embajada Rusa
Mexico City, Mexico

Mexico City, Mexico


Decidí irme caminando a la embajada rusa; “Google maps” tenía más razón que mis corazonadas. De no haber sido por su “advertencia”, lo hubiera seguido al pie de la letra. Pero prácticamente me decía: “Te sugiero por donde vayas, pero no soy responsable de que te pierdas o algo te pase”. Así que, después de una vuelta errónea, decidí preguntarle a un guardia. Gracias a él entendí que la numeración no era exacta. Noté que la Embajada está por la cuadra de La Salle, te vas por la derecha; hay un centro de cultura de esta Universidad en el número doce; pero más adelante, en la esquina, hay un policía afuera. Ahí es la Embajada Rusa.

Entras y te sientes en una especie de garito. El espacio blanco, casi beige (por lo sucio), tiene un portarretrato justo enfrente de Vladimir Putin y el símbolo ruso.

¿Sabes cuando entras a un lugar y de repente pierdes la esencia de dónde éstas? Así me sentí.

Entré a la embajada y de repente me di cuenta de que la mayoría de los que estaban parados en la fila eran rusos o tal vez de los países bálticos. Había dos cajas. Una de ellas era para recibir los documentos, la atendía una joven rusa que hablaba bien el español. En la otra estaba una señora mayor que hablaba muy poco español, ella recibía el dinero.

Mientras esperaba en la fila, se me acercó un muchacho que medio hablaba español. Me preguntaba sobre la visa, a lo cual no le podía responder. Su fachada me recordaba a los “villanos” de las películas de espías o mafia rusa. Se veía perdido; pero también en las películas ¿no?
De repente me sentí como si estuviera haciendo algo ilegal o prohibido. La imagen de Putin junto con el idioma de los que estaban ahí me alteraban. Apenas habíamos tres personas sacando visas para visitar el país, el resto eran europeos del Este. Estaban bien vestidos, mal vestidos, algunos con ropa que no era de su talla y otros con traje. Me llamó especialmente la atención una señora mexicana de más de cuarenta que parecía acompañada de un joven ruso. Me pasó por la mente que tal vez eran un matrimonio por conveniencia…
Fue un momento en el que sentí haber juntado todo lo visto en la películas y noticias, ellos eran los protagonistas de mis historias. Mi imaginación hizo que tuviera tanto miedo que casi me temblaban las manos cuando entregaba los documentos. La muchacha se fijaba en todo, nada de lo escrito se le escapaba. Incluso tuve que cambiar la fecha de salida porque rebasaba el mes, tiempo límite para los extranjeros en Rusia.
Una vez que tuve su “ok”, empecé a hacer fila en la caja para pagar, decidí leer. De repente la señora me llamaba con la foto de Jorge enfrente. Cuando me acerqué a la caja me preguntó: “¿Dólar o pesos?”. Le dije que dólares, pagué y me fui.
La entrega de la visa se va a tardar diez días, más de lo que viene estipulado en la página de internet.
Después de salir de ahí, la cabeza comenzó a dolerme un poco. El corazón me latía fuerte y por alguna razón sentí en mi cuerpo el efecto que viene después de momentos de estrés o miedo.
Malditas películas, malditas noticias. Sólo concluí que Ana Karenina no tenía nada que ver con Keira Knightley o Audrey Hephburn, ¿que tienen ellas de rusas?


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