Datong: la ciudad en reconstrucción

Datong: la ciudad en reconstrucción

La exposición “La ciudad está allá afuera” estudia la capital mexicana para promover la reflexión alrededor de los problemas que enfrenta toda ciudad contemporánea. En lo mostrado dentro de la planta alta del MASIN vemos la comparación de tres conceptos: demolición, utopía y ocupación. En la sala se presentan ejemplos de estos a través de imágenes, videos, sonidos e instalaciones que muestran la zona de Tlatelolco, en la CDMX, al igual que distintos proyectos de urbanización en Culiacán.

Mientras paseaba por los pasillos recordaba la visita de Jorge y mía a China, sobre todo lo que vivimos en una ciudad llamada Datong, famosa porque alberga las cuevas Yungang.

Durante nuestra visita en 2014 vivimos el proceso de transformación de una ciudad, pudiendo comparar sin querer un antes y un después. La entrada en el taxi a Datong fue espectacular: me sentí como en la antesala a un espacio del futuro dispuesto a albergar a millones de personas en los edificios que nos daban la bienvenida. Dentro de ella pudimos ver la zona vieja con una muralla completamente reconstruida, tan nueva como las calles que nos llevaban a nuestro airbnb. El departamento estaba en un complejo de edificios dentro de una cuadra. Durante el poco tiempo que pasamos con la anfitriona le pregunté sobre la revolución arquitectónica allá afuera. Nos dijo que la inversión era enorme, (estaban invirtiendo más de 50 billones de yuanes, un aproximado de siete billones de dólares) y que no sabía si estaba contenta del todo. Su reproche era la corrupción de por medio y que la sociedad no podía opinar al respecto, nadie les preguntó, ni lo harían.  Ahí mismo conocimos a una chica surkoreana llamada Boyun la cual estaba ahí por unos meses para investigar y hacer su tesis de Ciencias Políticas en el tema de la reconstrucción de una ciudad; al parecer no éramos los únicos sorprendidos con aquel boom.

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Datong en la entrada de su ciudad amurallada.
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En el centro de Datong, dentro de la ciudad amurallada.
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Dentro de la ciudad amurallada todavía se podían ver espacios por reconstruir.

Las sorpresas continuaron en nuestra visita a las famosas cuevas Yungang, las cuales están dentro de un extraordinario recinto que parece más un hotel de lujo que el albergue de unas ruinas budistas.  Era la primera vez que me enfrentaba a un espacio arqueológico con más de 1,500 años que no me evocaba a un pasado remoto sino más bien a una especie de Disneylandia asiático cuya temática eran diversas representaciones de Buda construidos por antiguas civilizaciones. En México estamos acostumbrados a que las ruinas estén acompañadas de un paisaje capaz de remontarnos a otra época, donde el protagonista es la naturaleza y como prelude los gajes del tiempo; pero aquí con todo tan nuevo, limpio, ordenado y con un museo de primera tecnología, era un encuentro dramático de lo antiguo con lo contemporáneo sin un puente que traslada a otra época. Pareciera que en China el progreso y el poder del hombre deja a un lado al reflejo del tiempo a través de la naturaleza. Datong fue el primer lugar donde lo vivimos y en el que ese proceso era físicamente palpable, pero el resto de ciudades  que visitamos en ese país tenían ese contraste ajeno a los viajeros cuyos países de residencia fueron colonizados por Occidente y su cultura europea.

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La ciudad está allá afuera

La ciudad está allá afuera

 

Capítulo 1: la muerte de un Periodista

No quería creer la noticia. La vi en Facebook mientras divagaba por la red social. La fotografía del cuerpo inerte de Javier Valdez me sacudió tanto como lo hizo el atentado de ETA que viví en Navarra nueve años atrás. Una detonación capaz de recordar la fragilidad en la que vivimos. En Pamplona no hubo muertos ese día, en Culiacán, la de un Periodista. Nunca lo conocí y sin embargo lloré con amargura su muerte. 2017 se había convertido en el año en que intentaría volver a escribir o de buscar la manera de ejercer una carrera que sólo estudié. Pero leer el asesinato de uno de los líderes de comunicación más importante de la entidad y México fue precisamente otro atentado a la libertad intelectual. Un recordatorio de que si no te callas, te callo. La autocensura obligada por la cual he decidido vivir estos últimos siete años resonó en mi alma. Para los valientes que ejercen saben que si mataron a Javier Valdez, el resto peligra mucho más.

Recuerdo que después de la bomba en el Edificio Central, nos pidieron que no dejáramos de faltar a clases el día siguiente; si parábamos nuestras actividades, los terroristas habían triunfado. El eco de ese sentir volvió en mí el pasado 15 de mayo. El atentado sucedió durante la semana de las Jornadas Literarias de Gilberto Owen. Había un taller de crónica y diversas actividades como presentaciones de libros y lecturas en voz alta. Nada se suspendió, pero todo era teñido de negro ante la muerte de un gran cronista. Decidí acudir a lo que pudiera, esa sería mi protesta, seguir.

No sé si los asesinos estuvieron conscientes de que elegían una semana especial para los maestros, estudiantes y el entorno cultural de Sinaloa.

El jueves de esa semana se inauguró una exposición en el MASIN llamada la “La ciudad

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La exposición invita a reflexionar en la ciudad, en el entorno de vivienda y trabajo de otros, como el de un albañil. 

está allá afuera”, el museo estaba lleno también. Centenares de personas visitaron un espacio que ha decidido ser puente de diálogo para temas incómodos, para aquellos que deben estar en la opinión pública pero han dejado de ser leídos, escuchados o ya son tan incorregibles, que hemos resignado a vivir en un caos impune.

Conocí los escritos de Javier Valdez por una tareas que me traje a casa la Navidad del 2007. Fue un año en el que me planteé dejar la carrera; sus crónicas me inspiraron a seguirle. “Algún día quiero escribir así”, me dije. Estaba aprendiendo que para ser buen periodista se necesitaba saber de ortografía, indagar, tener una amplia capacidad de análisis, tener datos, comprobarlos, ser culto y sin duda, saber dónde estaba la noticia. Me sentía vulnerable ante ese mar de información incomprensible para mí. Los escritos de Valdez esa Navidad fueron capaces de mostrarme el significado de sensibilidad, de ver más allá de uno mismo para relatar la cultura y el día a día de una sociedad acostumbrada al narco. Sus crónicas le daban voz a los más vulnerables procurando evitar el amarillismo pero con la dosis suficiente de realismo. Creo que sus palabras intentaban ser bofetadas para nosotros los escondidos en la segura y cómoda rutina de la vida. Donde la regla implícita es que no te metas.

Pero algún día quería escribir como Javier y algún día quería tomar un taller con él, pero ya no está. Su muerte de alguna manera me ha reafirmado que los caminos paralelos forjados las últimas décadas, donde por un lado están “la gente de bien” y por el otro “los que andan por malos pasos”; son obsoletos. Las vías se cruzan, las muertes aumentan y se llevan consigo a inocentes. Es ridículo pensar en una confrontación directa. Ante una sociedad dormida, creo que las cachetadas verbales no despiertan a nadie. Debemos buscar caminos sutiles en los que se inicie un diálogo con menos miedo. La cultura en Sinaloa a través de distintos programas ciudadanos y que el mismo ISIC impulsa, empieza a tener sus frutos. También volteo a ver a las Instituciones de Asistencia Privada y Asociaciones Civiles. Pero hoy más que nunca debemos buscar un diálogo en común, dispuestos a poner a un lado nuestras diferencias y filosofías por nuestra ciudad. Eso de “cada quien por su cuenta”, ya no funciona.

Ocio, arte y basura

Ocio, arte y basura

Decidimos cruzar el país de Norte a Sur para celebrar nuestro tercer aniversario. Nuestra primer parada fue Bacalar, el famoso lago de los siete colores. Pero éste parecía un movedizo estanque. El dueño del hotel boutique me comentó que el viento era ideal para un paseo en velero. La última y única vez que estuve en uno había sido en Puerto Vallarta, uno o dos días antes del huracán Manuel, las olas pronunciadas en el lago azul cristalino no me alentaban a pesar de no ser mar abierto.

Dejamos Bacalar para llegar a nuestro destino de los próximos días: Mahahual. Llegando al pueblo costero de Chetumal nos dirigimos al local de buceo recomendado por la Lonely Planet, Gypsea divers. Había dos letreros en la cabaña, uno que indicaba los horarios de apertura con un pequeño paréntesis que agregaba “most of the time“. Pero “casi todo el tiempo” no era en ese momento. Justo arriba había un pizarrón con las palabras más decepcionantes del día: “No habrá salidas por el clima”.

Caminamos un poco más por el hostal que acompañaba la diminuta tienda, solo había un bartender. Mientras Jorge era atendido, decidí pasear por el desertado malecón acompañada más que nada por el viento. En cuanto encontré a un vendedor de tours le pregunté el diagnóstico. “El puerto está cerrado por mal tiempo”. La condena hizo eco en mis oídos. “¿Cuánto durará así?”, le pregunté. “La experiencia de viejo marinero me dice que unos dos o tres días”. 2645 kilómetros recorridos con una enfermedad estomacal implacable para no poder explorar la vida marina. Sin querer resignarnos decidimos preguntar en otro local; confirmado. Durante el fin de semana no habría excursiones.

Vida en el coral
Un cuadro hecho a base de mosaicos de sandalias

Decepcionados por la catastrófica bienvenida nos dirigimos a nuestro pequeño hotel que se encontraba a media hora de distancia del pueblo. La fuerte brisa del mar estaba acompañada de olores putrefactos por el otro fenómeno de temporada que oscurecía las aguas turquesas del Caribe: el sargazo. El alga acumulada en la orilla del mar empezaba a secarse, despidiendo un olor similar al del desagüe con residuos estancados. El paisaje también estaba decorado con basura que el viento paseaba por la carretera y los múltiples terrenos en venta.

Chanclas para mosaico
La dueña aprovecha las chanclas que traer el mar para hacer arte.

A la llegada de las cabañas nos consoló lo acogedor del lugar. Estaba lejos, sí, pero el cuarto era grande, había muchos libros para consultar, unas hamacas y una vista prometedora frente al mar. El restaurante y bar estaban en la cabaña principal pegada a recepción. El ocio y la falta de quehacer volcaron mi atención a los cuadros que decoraban el espacio. Aquello que parecían pinturas representaban la vida del arrecife. Peces de múltiples colores, corales y el mar. Me gustaron tanto que empecé a preguntarle a nuestro anfitrión su origen:”Están hechos de chanclas” –me respondió– “la dueña del hotel los hizo”. Lo que tenía frente a mí eran piezas hechas por mosaicos, que en lugar de utilizar piedra, vidrio o cerámica eran retazos de sandalias.

“¿Todas vienen del mar?”, pregunté asombrada. “Sí, aquí recibimos basura de Centro América, Venezuela, Colombia, los cruceros… No sabemos por qué, pero tenemos mucha”.

La caminata del día siguiente verificó lo dicho por Martín, la costa estaba decorada por una guía de sargazo cuyas esferas eran basura de todo tipo. Quise reunir aunque fuera algunas chanclas, pero muy pronto mis manos se llenaron de éstas. También había muchas botellas de gatorade, champú,  cremas, refrescos, algunos sin siquiera ser abiertos, Jorge incluso se encontró una botella de cerveza de Venezuela. También electrodomésticos y platos desechables. Mis ojos comprobaban lo que había visto en videos muchos años antes. Cuando en Culiacán hablaban de la importancia de reciclar, evitar el consumo desmedido  y las imágenes de adónde iban todos los desechos. En el video que me pusieron hablaban de una isla en el pacífico, no de la costa Maya en el Atlántico. Martín también nos contó que las oleadas de basura a veces traen consigo droga, mercancía que los traficantes tuvieron que tirar para evitar el arresto de la Marina.

El último día de nuestra visita al segundo arrecife más grande del mundo tuvimos la suerte de poder  hacer esnorkel cerca de la residencia que nos hospedaba. “La punta” no tenía tanto sargazo y a poca distancia iniciaba el festín de colores con peces de diversas especies y tamaños. Aquello fue una probadita para dejarnos con ganas de volver en temporada buena. No pudimos conocer a la artista de los cuadros pero la hospitalidad de su personal, esposo y su creatividad e ingenio por hacer arte con desperdicios fueron el más grato recuerdo que me traje de ese pequeño oasis cerca de Mahahual.

Historias para mis abuelos

Historias para mis abuelos

Siempre he pensando en la gran cantidad de aventuras que algún día podré contarle a mis nietos. Como si esa fuera una buena razón para vivir repleta de experiencias dignas de contar y con la expectativa de que los tendré a mi lado interesados por saber más. Pero el presente me ha llevado a darle vueltas en cómo acompañar a mis abuelos en su etapa la cual los limita a un espacio físico muy reducido todo el día y su despertar tiene que estar justificado en esas cuatro paredes, la cual a veces les da grandes vivencia y otras, preguntas.  Fue esta Semana Santa cuando me di cuenta de que además de hablar de los recuerdos nostálgicos del ayer le podía agregar algo más a nuestras conversaciones.

¿Y si en lugar de esperar a enseñar las fotografías de tantos viajes a nietos se las enseño a mis abuelos? ¿Qué mejor audiencia que alguien con ganas de cambiar su rutina? Ya lo había intentando antes en el celular, pero las imágenes son muy pequeñas. Siempre quiero llevar el ipad o la computadora, pero se me olvidan. Esta última vez recordé la gran bendición de internet, el airplay y el apple tv la cual no solo sirve para tener una filmoteca inacabable gracias a Netflix o Youtube, sino también para enseñar fotos y contar historias.

El primer día fue completamente improvisado. Conecté el iphone al airplay del appleTV y la aventura a Chiapas comenzó. El inicio fue fallido, sin la App de Flickr en el celular no pude ampliar las fotos. Después intenté seguir con las pocas que tenía en el móvil, pero no eran suficientes, así que me moví al onedrive, donde me di cuenta de la cantidad de fotos repetidas que teníamos, enseñar sin editar puede ser un tanto aburrido. Entre ruinas, procesiones, anécdotas, lagos y paisajes que chillaban verde la hora de visita se fue demasiado rápido. Entonces el consejo de mi abuela de viajar al máximo mientras pueda tuvo otro sentido. Se lo pude compartir más allá de fotos pequeña o breves historias que la distraían. Fue un rato en el que les compartí  la experiencia en su pantalla, con mis explicaciones y sus preguntas. La próxima vez les prometí China o Rusia (aunque vieron por ahí un archivo que decía “boda”, y ya me dijeron que “esas” son las que siguen).

 

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Uber News: el Apocalipsis 

Uber News: el Apocalipsis 

Cruzamos la frontera de San Diego-Tijuana ayer en la tarde. El plan era rentar un carro y dirigirnos a Rosarito a comer langosta con arroz y frijoles.

La espera del transporte que nos llevaría al local para rentar el carro coqueteaba con un servicio ineficiente, hasta que llegó el chofer con los primeros relatos de una tragedia ajena a quienes decidieron aprovechar las épocas navideñas para viajar “al otro lado”.

Tijuana sufre una crisis de abastecimiento de gasolina porque los protestantes en contra del gasolinazo tomaron la planta de PEMEX ubicada en Rosarito. Mis noticias del gasolinazo se habían limitado a las cadenas de WhatsApp y Facebook; vivía en la bendecida ignorancia pensando que era una exageración. Pero el chofer nos explicó que su demora fue por la fila de la gasolinera justo enfrente del local de FOX rental car. La gente se peleaba por llenar su tanque antes de que la sucursal cerrara. Volteé a ver a Jorge gritándole en silencio: “¡qué hacemos rentando un carro si no hay gasolina?”. Llegamos a FOX, Jorge le preguntó qué onda al de la recepción. La respuesta sincera del vendedor nos dejó boquiabiertos: en pocas palabras, llenar el tanque era nuestra bronca, o, podíamos pagar una tarifa de treinta pesos por galón si ellos la rellenaban. Nos advirtió un cliente había tardado casi dos horas para encontrar una estación abierta el día anterior. Enriqueció su relato con un vídeo de su Facebook donde unos protestantes empezaban a seguir una pipa que intentaba salir de Rosarito. También nos advirtió que las tarifas de uber habían subido 16X de su precio normal. La decisión fue cancelar la reserva y ser rescatados por un Uber; así empezaron los relatos del “gasolinazo” en Tijuana.
Uber 1: La manifestación 

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Empezamos el traslado pregúntale al chofer cómo le estaba haciendo para conseguir gasolina.

Nos platicó que en la mañana lo había llenado y esperaba tener suerte con el chat de apoyo de todos los uber-amigos donde se pasan este tipo de datos en tiempo real.

Continuó platicándonos de la manifestación en el Palacio Municipal y cómo al principio la gente quería abastecerse de gasolina en “el otro lado”. Nos dijo que aunque podía ser solución, no estaba permitido traerse galones de San Diego… Concluyó diciéndonos que Uber había ajustado sus tarifas por el aumento de la gasolina, pero sentía que no era suficiente.

Ojo: El ajuste tarifario fue del 16%, no dieseis veces más caro, como nos había dicho el de FOX.

Uber 2: El Pípila 

img_2726Después de que Jorge le preguntara al chófer cómo le estaba haciendo para conseguir gasolina, éste inició su relato platicándonos sobre la manifestación de ese día y que ya habían saqueado una Coppel, también nos habló del Meme del Pípila contemporáneo y cómo los vuelos estaban empezando a ser cancelados.

En mi interior no sabía si llorar, reír o decirle a Jorge que nos fuéramos a Estados Unidos de mojados, total, ya teníamos un permiso mínimo de seis meses y la frontera estaba a cinco minutos… Empecé a cuestionarme si preferiría enfrentar la incertidumbre de Trump o el último año de gobierno de Peña Nieto.

Uber 3: El golpe de estado

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Me sentí mal porque no se nos ocurrió preguntar en el hotel si había servicio al aeropuerto (sí había). Además de evitarnos el gasto, ¡le quitamos gasolina a alguien!


Cuando el chofer abrió la cajuela vi tanques de gasolina.

Al iniciar nuestro servicio Jorge le planteó la misma pregunta al tercer chofer que nos atendía: nos contó que todo esto se debía a que la gente se estaba manifestando bloqueando los accesos del centro de distribución de PEMEX en Rosarito. Esta situación estaba perjudicando el abastecimiento a aviones en el aeropuerto y que hasta cancelarían vuelos internacionales por “un posible golpe de estado”. Él calculaba que la crisis iba a estallar el miércoles, cuando abarrotes, oxxos y súper mercados dejaran de tener provisiones para la gente.

Nos habló de cómo el ejército le puso freno a la manifestación del Palacio Municipal con unos balazos al aire y que el cierre de vuelos para salir del país era una forma de evitar la fuga de malas noticias por Peña Nieto y su gente.

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Llegué asustada al aeropuerto después de tantas historias teñidas por un realismo mágico y el toque apocalíptico de los rumores orales enriquecidos con los chismes virtuales.

Cuando le preguntamos a la aeromoza del mostrador sobre la crisis, nos dijo que ellos no habían tenido problema, fuera de unas demoras por escalas en diferentes ciudades donde se abastecían de gasolina para poder continuar operando.

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El vuelo salió puntual con el doble de tripulación abordo; hecho que me dejó cuestionándome el porqué, ¿mera rutina o la necesidad de desalojar personal de Volaris de Tijuana?

Llegada a Culiacán y el taxi del aeropuerto

Terminamos nuestro viaje con la misma pregunta. Ya que los conductores de Uber en Culiacán son gravemente sancionados si entran al territorio federal del aeropuerto,  nuestra llegada” al depa” fue en taxi.

Las opiniones preocupantes de nuestros anteriores conductores fueron suaves comparadas con la respuesta del señor mayor que nos llevaba a casa. “Si el Gobierno quiere balas, pues eso hay que darle”. “Peña Nieto ya nos agarró como sus taruguitos y piensa que pidiendo perdón se arreglan las cosas”. El señor estaba harto. De tantos impuestos, de una mínima alza al salario, de un Gobierno ineficiente y corrupto…

Y yo, me quedo con una pregunta, ¿qué sigue?

Adiós, que me voy de viaje

Adiós, que me voy de viaje

Hace unas semanas me encontré regateándole a Dios más tiempo con mi abuela. Chistoso tema ¿no?, primero decidí empezar a reflexionar y escribir sobre esto en Amar en el penúltimo capítulo y después, que llegó una cirugía de alto riesgo, fue extremadamente difícil practicar los once puntos que menciono, en lugar de eso, le dije que nos veíamos después, recé por más tiempo, por la presencia de mis tíos, por estar juntos en Navidad, por que no pase mientras viajo…

Hablar de la muerte cuesta mucho. ¿Y si porque la pongo sobre la mesa viene más pronto? 0  ¿y si porque la dejé en el baúl de los temas prohibidos cuando llegue no sabré cómo reaccionar?

Las semanas que decidí escribir sobre ella fueron fructíferas porque mi esposo y yo nos planteamos una sencilla pero complicada pregunta. ¿Qué procede si un ser querido fallece mientras viajamos? Habrá quienes digan: “Si no hubieras salido fuera, te hubieras evitado esto…”. Pero creo que dejaríamos de hacer demasiadas cosas “por si acaso”. La otra respuesta sería: “Obvio, te regresas y punto”. Pero cada persona somos un mundo de valores distintos; cuando tienes pareja es importante pensar en el cómo procederían los dos.

Por ejemplo, si vas a un  viaje familiar en Navidad: temporada alta, donde los vuelos se van por las nubes y es más complicado y caro encontrar boletos. ¿Qué procede?  o la otra y más difícil pregunta: ¿debo empezar a despedirme por si cuando vuelva ya no está? ¿cómo lo hago? 

La última vez nomás me pude despedir con un beso. Esa semana activa de trabajo, pendientes antes de viajar y compromisos sociales me recordaron que a veces más vale “una visita de doctor” aunque sea muy breve, y otras, si algo se canceló en tu agenda y tienes “tiempo libre”, no la pienses y lánzate. Es como el gimnasio: a veces da flojera, sobre todo cuando está “fuera de horario” y hasta el tráfico citadino influye, pero, una vez que lo haces no te arrepientes. Lo mismo pasa con las visitas a quienes necesitan de nuestra compañía, porque no hay momento mejor aprovechado que el que le dedicamos a quienes queremos.